lunes, 22 de septiembre de 2008

Las quince Promesas de la virgen María por rezar el rosario


Después de esta primera aparición la situación no cambió. Al contrario, empeoró: las tentaciones volvieron a ser tan apremiantes que maduró en él la idea de abandonar la vida religiosa. Por si fuera poco, cayó enfermo tan gravemente que sus hermanos de hábito decidieron darle la extremaunción. Pero una noche, mientras «yacía desdichadamente en ardientes lamentos» se puso a invocar a la Virgen María. Y por segunda vez ella vino a visitarlo. Una luz cegadora «entre la décima y la undécima hora» iluminó su celda y «apareció majestuosa la Bienaventurada Virgen María, que lo saludó muy dulcemente». Como verdadera madre, la Virgen se inclinó a curar la enfermedad del pobre hombre. Le colgó en el cuello una cadena entrenzada de su cabello de la que pendían ciento cincuenta piedras preciosas, con otras quince insertadas «según el número de su Rosario», anota el fraile. María estableció un vínculo no sólo con él, sino que lo extendió «de modo espiritual e invisible a los que rezan devotamente su Rosario».

Y entonces la Virgen le dijo: «Regocíjate y alégrate, oh esposo, porque me has hecho regocijar tantas veces cuantas veces me has saludado en mi Rosario. Y, sin embargo, mientras yo era feliz, tú muy a menudo estabas angustiado [...], pero ¿por qué? Había establecido darte cosas dulces, por eso durante muchos años, te llevaba cosas amargas» [...] «Ea, alégrate ahora».

Y así sucedió: tras siete años de infierno, comenzaba para Alano otra vida: «Rezando el Rosario de María era especialmente luminoso, de una admirable leticia unida a una inexplicable alegría». Y un día, justo mientras estaba rezando, la Virgen de nuevo «se dignó hacerle muchas brevísimas revelaciones», anota. «Aquí están a continuación y las palabras son de la Madre de Dios:

Promesas:

-A todos los que recen devotamente mi Rosario, les prometo mi protección especial y grandísimas gracias.
-Quien persevere en el rezo de mi Rosario recibirá grandes beneficios.
-El Rosario es un escudo poderoso contra el infierno; destruirá los vicios, librará del pecado, abatirá las herejías.
-El Rosario hará germinar las virtudes y las buenas obras para que las almas consigan la Misericordia divina. Sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios, elevándoles a desear los bienes celestiales y eternos. ¡Cuántas almas se santificarán con este medio!
-El que se encomiende a mí con el Rosario, no perecerá.
-El que rece devotamente mi Rosario, meditando sus misterios, no se verá oprimido por la desgracia. Si es pecador se convertirá; si justo, perseverará en gracia y será digno de la vida eterna.
-Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos de la Iglesia.
-Todos los que recen mi Rosario tendrán durante su vida y en su muerte la luz de Dios, la plenitud de su gracia y serán partícipes de los méritos de los bienaventurados.
-Libraré bien pronto del purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.
-Los verdaderos hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
-Todo lo que pidáis por medio del Rosario, lo alcanzaréis.
-Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
-He obtenido de mi Hijo que todos los miembros de la Confraternidad del Rosario tengan como hermanos a los santos del cielo durante su vida y en la hora de su muerte.
-Los que rezan fielmente mi Rosario son todos hijos míos muy amados, hermanos y hermanas de Jesucristo.
-La devoción a mi Rosario es una señal manifiesta de predestinación de Gloria.


Oración a la madre Dolorosa .



Oh Madre Dolorosa ! por tus lágrimas, por la corona de espinas, por los clavos que llevas en tus
manos, por las espadas del dolor con que nuestros pecados traspasaron tu corazón; vuelve a
nosotros esos tus ojos misericordiosos y alcánzanos de tu hijo Santísimo, dolor intenso de nuestras
culpas y vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad.

Oh Madre Dolorosa ! Proteje a la Santa Iglesia, Proteje nuestra Patria !
Ampara a la juventud!
Ampara a la niñéz !
Amén.

Por qué lloras María ?


María en San Nicolás, nos dio este mensaje sobre sus siete dolores de hoy: 

15-09-89 (fiesta de Ntra. Señora de los Dolores) 

“Hija mía, en estos días, son Mis Dolores: 
el rechazo hacia Mi Hijo, 
el ateísmo, 
la falta de caridad, 
los niños que no nacen, 
la incomprensión en las familias, 
el gran egoísmo de muchos hijos en el mundo, 
los corazones aún cerrados al Amor de esta Madre...” 

En el libro "Las Glorias de María" de San Alfonso María de Ligorio se dice lo siguiente:

"El mismo Jesús reveló a la beata Mónica de Binasco que él se complace mucho en ver que se siente compasión por su Madre, y así le habló: Hija, agradezco mucho las lágrimas que se derraman por mi pasión; pero amando con amor inmenso a mi Madre María, me es sumamente grata la meditación en los dolores que ella padeció en mi muerte.

Por eso son tan grandes las gracias prometidas por Jesús a los devotos de los dolores de María. Refiere Pelbarto haberse revelado a Santa Isabel, que San Juan, después de la Asunción de la Virgen, ardía en deseos de verla; y obtuvo la gracia pues se le apareció su amada Madre y con ella Jesucristo. Oyó que María le pedía a su divino Hijo, gracias especiales para los devotos de sus dolores. Y Jesús le prometió estas gracias especiales:

1ª. Que el que invoque a la Madre de Dios recordando sus dolores, tendrá la gracia de hacer verdadera penitencia de todos sus pecados.

2ª. Que los consolará en sus tribulaciones, especialmente en la hora de la muerte.

3ª. Que imprimirá en sus almas el recuerdo de su Pasión y en el cielo se lo premiará.

4ª. Que confiará estos devotos a María para que disponga de ellos según su agrado y les obtenga todas las gracias que desee".


Promesas de la virgen María .


Siete gracias que la Santísima Virgen concede a las almas que la honran diariamente (considerando sus lágrimas y dolores) con siete Avemarías. Santa Brígida.  

1º. Pondré paz en sus familias. 

2º. Serán iluminados en los Divinos Misterios. 

3º. Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos. 

4º. Les daré cuanto me pidan con tal que no se oponga a la voluntad de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas. 

5º. Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y los protegeré en todos los instantes de sus vidas. 

6º. Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre. 

7º. He conseguido de mi Divino Hijo que los que propaguen esta devoción (a mis lágrimas y dolores) sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos “su eterna consolación y alegría”.  


María tiene 7 dolores


LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN  

1º. La profecía de Simeón (Lc. 2, 22-35) ¡Dulce Madre mía! Al presentar a Jesús en el templo, la profecía del anciano Simeón te sumergió en profundo dolor al oírle decir: “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. De este modo quiso el Señor mezclar tu gozo con tan triste recuerdo. Rezar Avemaría y Gloria. 

2º. La persecución de Herodes y la huída a Egipto (Mt. 2, 13-15) ¡Oh Virgen querida!, quiero acompañarte en las fatigas, trabajos y sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida del Niño Dios. Rezar Avemaría y Gloria. 

3º. Jesús perdido en el Templo, por tres días (Lc. 2, 41-50) ¡Virgen Inmaculada! ¿Quién podrá pasar y calcular el tormento que ocasionó la pérdida de Jesús y las lágrimas derramadas en aquellos tres largos días? Déjame, Virgen mía, que yo las recoja, las guarde en mi corazón y me sirva de holocausto y agradecimiento para contigo. Rezar Avemaría y Gloria. 

4º. María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Vía Crucis, 4ª estación) Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer. ¡Pobre Madre! Quiero consolarte enjugando tus lágrimas con mi amor. Rezar Avemaría y Gloria. 

5º. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30) María, Reina de los mártires, el dolor y el amor son la fuerza que los lleva tras Jesús, ¡qué horrible tormento al contemplar la crueldad de aquellos esbirros del infierno traspasando con duros clavos los pies y manos del salvador! Todo lo sufriste por mi amor. Gracias, Madre mía, gracias. Rezar Avemaría y Gloria. 

6º. María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María. ¿Qué sentías Madre? ¿Recordabas cuando Él era pequeño y lo acurrucabas en tus brazos?. Por este dolor te pido, Madre mía, morir entre tus brazos. Rezar Avemaría y Gloria. 

7º. La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42) Acompañas a tu Hijo al sepulcro y debes dejarlo allí, solo. Ahora tu dolor aumenta, tienes que volver entre los hombres, los que te hemos matado al Hijo, porque Él murió por todos nuestros pecados. Y Tú nos perdonas y nos amas. Madre mía perdón, misericordia. Rezar Avemaría y Gloria.

Un poco más de detalles


Relato del Milagro de hace 102 años:

La noche del viernes 20 de abril de 1906, en el local donde se ubicaba el colegio San Gabriel de Quito (Benalcázar y Sucre), 100 estudiantes del plantel estaban de vacaciones por la Semana de Pascua y, otros 35 alumnos internos, cenaban en el comedor.

Eran alrededor de las 20h00.A la derecha de la mesa, pendía de la pared un cuadro con una cromolitografía de la Virgen de los Dolores.

Muy cerca de la imagen estaban comiendo los alumnos Jaime Chaves, Carlos Herrmann y Donoso.

Herrmann observó que “se movían los párpados’’ de la imagen del cuadro.

En un primer momento, el pequeño creyó que lo visto era producto de su imaginación, pero Chaves, quien también estaba mirando la imagen, dijo “ve a la Virgen’’.

Ambos alumnos se quedaron atónitos observando que la imagen abría y cerraba los ojos como una persona viva.

Sobrecogidos los menores ante tan inesperado como extraño fenómeno y viendo que la imagen continuaba moviendo sus ojos, Cháves invitó a su compañero a rezar un Padre
Nuestro y un Ave María.

Luego, comenzó a correrse la voz entre el resto de alumnos. Uno de ellos le comunicó el hecho al sacerdote Andrés Roesch, prefecto del colegio, y al sacerdote Luis Alberdi, inspector.Este último le dijo a Roesch: “Pero Padre, si esto es un prodigio”.

El prefecto se acercó al cuadro y luego volvió a su puesto “entonces sentí un frío que me helaba el cuerpo, viendo -sin poder dudar- que efectivamente la imagen cerraba y abría los ojos. Cuando esto sucedía, todos los niños que presenciaban el hecho clamaban a una sola voz “ahora abre, ahora cierra”, dijo al rendir su testimonio sobre el suceso milagroso que se repitió varias veces y duró alrededor de 15 minutos.

Aunque la imagen de la Virgen seguía cerrando y abriendo sus ojos, todos los presentes se dirigieron a la capilla a rezar el rosario.

Después que los alumnos salieron del comedor se esparció la noticia en todo el establecimiento educativo.

El 21 de abril empezó a correr en Quito el rumor del extraño suceso, la suprema autoridad eclesiástica de entonces, Monseñor Ulpiano López Quiñonez, Vicario Capitular, ordenó “que se cubra dicha imagen y nada se publique por la prensa ni en el pulpito, relativo a ese acontecimiento, mientras no se decida sobre su valor y autenticidad”.

Con gran descontento de los colegiales y de la gente, el cuadro fue escondido y nadie pudo verlo

Historia del prodigio del 20 de abril de 1906 , Quito-Ecuador


La Dolorosa del Colegio es un óleo de la Virgen, que el 20 de abril de 1906, en el comedor del internado del Colegio San Gabriel de los Padres Jesuitas, prodigiosamente parpadeó en repetidas ocasiones durante 15 minutos. 

Fueron testigos de este milagro el P. Andrés Roesch sj, el Hno. Luis Alberdi y 36 alumnos. Tales acontecimientos transcurrieron dentro de un contexto, en el cual, la revolución liberal de 1895 venía propugnando un hostil laicismo para la educación en los establecimientos de enseñanza fiscal. Los católicos vieron en el prodigio de la Dolorosa una preocupación de la Madre de Dios con el futuro de la niñez y juventud ecuatorianas, despertando en todo el país un fuerte impulso de religiosidad.

El Milagro del 20 de Abril de 1906 

Era la noche del 20 de Abril de 1906. El Colegio San Gabriel estaba de vacaciones y solo se hallaban en él los alumnos internos que ese día habían realizado una excursión acompañados por el H. Alberdi, su Inspector. Se encontraban en el comedor para la cena y conversaban animadamente. Era aproximadamente las 8 p.m.

Al lado derecho del comedor pendía de la pared un cuadro con una hermosa oleografía de la Santísima Virgen de los Dolores. 

Muy cerca de la imagen de la Santísima Virgen estaba la mesa de los alumnos menores: Jaime Chávez, Carlos Herrmann y Pedro Donoso. 

También ellos, como los demás alumnos comentaban los sucesos del terremoto de San Francisco de California. Carlos Herrmann viendo el cuadro de la Virgen en la pared comentaba cómo esas siete espadas que la Virgen tenía clavadas en el corazón eran por nuestros pecados. 

Al principio no notó nada extraordinario, sólo unos cinco minutos después observó que se "movían los párpados" de la Sagrada imagen. En un primer momento creyó que fue imaginación, pero al instante su compañero Jaime Chávez que también estaba mirando al cuadro, lleno de espanto y tapándose los ojos con la mano dice: "ve a la Virgen" y los dos se quedaron atónitos al ver que la imagen de la Santísima Virgen abría y cerraba los ojos, expresivamente como si tuviera vida.

"Le ví que la Virgen empezaba a torcer los ojos cómo las que están agonizantes" se expresa el niño Jaime Chávez al dar su testimonio y Carlos Herrmann dice: "...le vi, y mueve los párpados...". 

Sobrecogidos los niños ante tal inesperado como extraño fenómeno, y viendo que la Sagrada imagen continuaba abriendo sus ojos, el niño Jaime Chávez invita a su compañero Carlos Herrmann a rezar un Padre Nuestro y una Ave María. Se ponen de rodillas y rezan; luego vuelven asentarse pero sin apartar los ojos de la imagen. Inmediatamente Carlos Herrmann acude a buscar a su compañero de mesa, Pedro Donoso, que estaba hablando con su hermano mayor en otra mesa y le dice: "...Ven y verás esta cosa chusca", y que como Pedro no hiciera caso, le insiste por tres veces hasta lograr llevárselo consigo. 

El Padre Roesch dice: "En un principio sí creí que era ilusión y después de haberlo visto me retiré si dar crédito todavía, instado de nuevo por el Hermano Alberdi regresé e me constó el parpadeo con tanta clariad que me dió la sensación de escalofrío". 

Todos entre incrédulos y burlones al principio no pudieron menos que aceptar la evidencia del hecho y su experiencia personal.

Desde aquel bendito 20 de Abril de 1906, la historia del Ecuador y de tantos corazones, se llenó de María. El milagro no ha terminado, y la mirada de La Dolorosa sigue dirigiéndose a los niños, a los hombres, a las madres, a los jóvenes, a los tristes, a los pobres, a los dolientes...

La fe del Ecuador se iluminaba de nuevo y renacía el entusiasmo por mantener y defender la educación cristiana de la niñez y juventud. 

En 1931 se cumplían los 25 años del milagro, y se desbordó el entusiasmo: En un sermón de la Novena, decía el Padre Francisco de Borja Kueny, Superior de los Jesuitas, en Guayaquil:

"¿Ha correspondido el Ecuador a la generosidad de María? ¿Ha llenado los designios que su Corazón de Ma­dre nos quiso revelar el 20 de Abril de 1906? El Ecuador ha correspondido, al menos en gran parte, a los deseos de la Dolorosa... ¿Qué significa, si no, la solemnísima Novena que de año en año celebramos? Las grandiosas manifestaciones de piedad y devoción que nos reúnen cada año a los pies de la Dolorosa, no pueden constituir la parte más importante de nuestra devoción... Hace falta algo más íntimo y más práctico que todo lo dicho... ¿La incredulidad y el sectarismo, quieren arrebatarnos nuestras creencias? No lo permitamos, arraiguémoslas más y más en nuestros corazones... Empecemos por nuestra propia reforma personal, por intensificar más y más en la conducta privada y doméstica, la vida cristiana... Fe más viva, conocimiento más profundo de la Religión Católica y las leyes de la Iglesia; más obediencia y respeto en los niños; más modestia y pudor en las jóvenes; más pureza y dignidad en los jóvenes; más fidelidad y concordia entre los esposos; más empeño en los padres de familia por defender la fe y la pureza de sus hijos... En una palabra, vida cristiana católica más intensa, más sólida, más fervorosa, más constante”